
Un domingo sin rasgos se escuchó en los alrededores del bosque el último suspiro de Narcisus: había languidecido frente al estanque hasta desaparecer.
Si murió feliz o desgraciado,...
Hay quien dijo que se trató de un castigo o venganza por rechazar el amor de la ninfa.
(No lo creo)
Otras hablaron de la vanidad de contemplarse y no ver más que el reflejo de uno mismo.
(No lo creo)
Pero en realidad, nadie sabe, ni sabrá, qué era lo que él miraba dentro de aquel charco de espejo. Nadie sabe qué le llevo a entregarse de manera tan fiel y comprometida, que hasta dio su vida.
Un domingo sin rasgos.
Como ayer.
9 comentarios:
Yo le conocía, estoy segura de que tenía un motivo.
No estoy seguro de que fuera un domingo.
Me puedes confirmar ese dato?
Yo le conocí, puedo decir que no era vanidoso.
Sin duda alguna, el charco no era propiamente un charco, se trataba más bien de El Aleph
a mí también me gusta mirarme en los charcos y en los escaparates.
Eres un poco presumida.
el aleph era una especie de bola no?
El aleph es donde se encuentra, sin confundirse todos los lugares del orbe vistos desde todos los ángulos. Puede tener forma de bola, de lago y también de charco.
que repelencia!
Publicar un comentario