Mostrando entradas con la etiqueta Cuco. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cuco. Mostrar todas las entradas

15 diciembre, 2008

LA CONSPIRACIÓN VI

¡Qué ironía fatal!
Fueron ellos quienes cayeron en su propia trampa: en el espejo. El espejo que habían dispuesto para atraparla a ella, ingénuos, les atrapó a ellos.

No habían aprendido nada de Narcisus.
Ahora ya es inevitable, se ha consumado la tragedia.
Mientras ellos se contemplaban en las aguas del atardecer y de la melancolía, mientras dejaban fluir sus deseos como recuerdos, un escuadrón de taladores, debidamete equipado, arrasó los pinares.
Se llevaron en camiones millones de árboles de Navidad, para adornar de muerte hortera todo el planeta.

11 diciembre, 2008

LA CONSPIRACIÓN V


La nieve no ha servido y ya se ha derretido.
Algunos afirman haberla visto:
.- Era ella, estoy seguro de que era ella, justo antes del amanecer.
.- Sí, yo también la pude presentir, su ánimo cargaba con el peso de una culpa, incapaz de ocultarla su sonrisa.
Pero no hay pruebas sufiecientes que la incriminen, que despejen toda duda razonable.
Uno de los árboles, que ha estado escuchando sin decir nada,propone un nuevo plan, sutil, doble:
.- ¿Y si hablamos con el río? Será fácil atraparla en el reflejo.

28 noviembre, 2008

LA CONSPIRACIÓN III



Esperaron hasta el momento señalado para comenzar. El sol se apagó.

Fue entonces -un representante de La Montaña iba a tomar la palabra- cuando escuadrones de frío equipados con armas bajocero, rodearon la alameda y descargaron sobre ella su furia helada y la despiadad escarcha.

Juro que también vi a jinetes de hielo.

Yo pude escapar del cerco letal. Quise gritar, avisarles, pero mi voz estaba congelada.

Alguien les ha traicionado.

Ahora deambulo descalzo sin dar con los caminos porque todo esta blanco. Las uñas de las manos, blancas; la barba, blanca; el cielo, blanco; y mi aliento, blanco, blanco, blanco.

21 noviembre, 2008

LA CONSPIRACIÓN II

Complicado conseguir la información que necesitaba. Arriesgado.
Quienes no estaban en la jugada me miraban como a un loco al que fuera necesario internar. Quienes compartían el secreto me veían con recelo como un riesgo que fuera necesario eliminar.
Casi decidido a abandonar sorprendí una conversación entre dos árboles delgados a los que una ráfaga de viento repentino despojaba de sus últimas hojas.
Al atardecer.
La reunión se celebraría al atardecer.
Y aquí estoy,
cuando cae el sol.

Ellos van llegando.