No hay duda.
Es él.
Ya está aquí.
Es él.
Ya está aquí.
Puntual, como cada año, ha llegado a la cita.
El último en claudicar fue el nogal de Papá Noel. 







Desde su nacimiento siempre había tenido la intuición de que su belleza iba ligada indisolublemente a su tragedia.
Mientras los Hijos de la Revolución proclamaban con toda solemnidad la igualdad de la que participan los hombres y consagraban los derechos de los ciudadanos y de los solitarios, algunos aristócratas, sin duda impulsados por el miedo a perder sus cabezas, por temor a que cayeran en el barro las pelucas que adornaban sus cabezas, huyeron a través de los campos de trigo y de centeno.
Ya había amanecido cuando dieron por tomada la Bastilla.
