20 noviembre, 2006

COMPAÑIA NACIONAL DE DANZA



EL OTRO DÍA fuí a ver a la Compañía Nacional de Danza que actuaba en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. Nacho Duato es el director. (desde que ví el "Testimonio" de Nacho Duato en La Hora Chanante, no puedo evitar verlo con otros ojos)
La danza es un arte milenario que, como todas las artes, en un principio tenía grandes connotaciones religiosas, sagradas. La danza actual, como todas las artes contemporáneas, está marcada por la banalidad y la transgresión.
El caso es que creo que el público, en general, hemos desarrollado una alta tolerancia a ambas cosas. Hemos digerido, sin darnos cuenta, la pluralidad de expresiones y lenguajes artísticos, la abstracción, el feísmo, el surrealismo, son ya movimientos asimilados.
Me encanta ver entre el público de estos actos y exposiciones a jubilados y burgueses de toda la vida, con una mirada entrenada en las manifestaciones posmodernas y en el consumo del producto artístico de temporada. Personas que responden a las provocaciones del arte moderno, con una sonrisa paternal y satisfecha del que está de vuelta de todo porque nunca fué a ninguna parte.
HOy en día casi resulta más transgresor ir a ver una obra de Arturo Fernández que asistir a un festival de teatro alternativo, y es que, digásmolo de una vez, lo banal y lo transgresor, no dejan de ser propuestas ya clásicas, que responden a creadores de los años 60 y 70.
DE TODAS FORMAS, resulta interesante observar los intentos de provocación dentro del lenguaje escénico a lo "Fura dels Baus", dentro de la concepción de la escena como subversión del sistema establecido y como ruptura de los límites perceptivos del espectador.
Las Variaciones Goldberg de Bach, sonaron como música base sobre la que se desarrolló la primera coreografía de La Compañía Nacional de Danza. Una maravilla. Una escenografía sobria y contenida, la simbología del piano de cola suspendido del revés sobre la fragilidad de los bailarines. El tiempo justo para quedarte con ganas de más.
La segunda coreografía juega con los elementos de la danza-teatro, con la palabra y supresión de los límites de la escena. El arranque es fabuloso, cuerpos como bolsas de basura que penden de una pared blanda echa de jirones de tela. La música de una guitarra eléctrica desgarrada con toques tecno. Un efecto siniestro y energético. Demasiado larga.
Me gustó mucho. Aún así creo que necesito ir a ver algo verdaderamente moderno, y vosotros? CHATINES??
BESOS, Patbel.

5 comentarios:

Guicciardini dijo...

Lo bueno que tienen este tipo de espectáculos es que te puedes levantar de tu butaca y gritar "¡Hijos de Puta!, sin que pase nada, como si fuera parte del propio espectáculo.

Patbel dijo...

Pero bueno Guicci, un caballero como tú!! con ese lenguaje provocador y ordinario cual Accionista Vienés!, cualquiera diría que estás poseído por el Síndrome de Tourette como Mozart, si tienes tics nerviosos háztelo mirar!! besos, Pat.

Guicciardini dijo...

Pero si es verdad lo que digo. Formaría parte del espectáculo y además quedaría como nuevo.

Hilario dijo...

Oye, Gui, creo que estoy de acuerdo contigo. Yo también estuve el viernes en el teatro y salía una argentina espigarda con la boca llena de tópicos que la verdad es que daban ganas de levantarse y gritar: ¡Hija de Puta!

Anónimo dijo...

para oír correctamente una obra musical uno debe saber el lugar de nacimiento del compositor, debe ser capaz de distinguir un rondó de un scherzo. la actitud es importante.
sonreír significa malos modales, a menos que el compsitor haya querido que su música fuera graciosa.
asimismo el oído debe estar entrenado, ya que se trata de un órgano que se despista con gran facilidad.
imagínate si aun encima tienes que activar la vista!!!claro, se producen estos caos!!!!
con dignidad, se abandona.