24 enero, 2008

CERO

Ha llegado al final, que es el principio. El 0, la nada en la que se produce la transformación de los elementos y de las fuerzas.
Ha dejado atrás la última puerta. Silencia los reactores. Inicia las maniobras. Mente concentrada y pulso sereno.
Antes de abrir las escotillas y extender las rampas, repite las palabras del maestro en coraje, al que quemaron en la hoguera:
"Oh dificultades que soportar, clama el cobarde, el veleta, el que carece de ánimo, aquel que tiene la cabeza llena de pájaros. La tarea no es imposible, aunque sí difícil. El pusilánime debe hacerse a un lado. Las tareas fáciles son para el rebaño y las personas vulgares. Los hombres excepcionales, heroicos y divinos superan las dificultades del camino y arrancan una palma inmortal de la necesidad.
Tal vez no llegues a alcanzar tu meta, pero aún así corre la carrera. Invierte tus fuerzas en tan alta empresa. Sigue luchando con tu último aliento"

Es la hora.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Parece que nadie se atreve a bajar contigo en este nuevo destino, Argonauta.
No nos has dicho si hay atmósfera respirable o sin embargo hay que utilizar escafandras.

Ignatius Reilly dijo...

yo ya tengo preparado el kit de supervivencia, y varios tuper con tortilla y filetes empanados para los picnics siderales.

Roy Batty dijo...

No olvides la cámara.

Ignatius Reilly dijo...

seguro que no, y en caso de emergencia el kit lleva una desechable.

Anónimo dijo...

Todo el mundo sabe que es difícil encontrar
en la vida un lugar
donde el tiempo pasa cadencioso y sin pensar
y el dolor es fugaz.

R. Crevel dijo...

Espero que aquí, la memoria y el olvido sean actos voluntarios y no dádivas o zarpazos del azar.

Anónimo dijo...

Mejor sin memoria para que los recuerdos no pesen. Los recuerdos buenos o malos nos adormecen. Vivir sólo el día, el momento.

anonima dijo...

a David Bowie le gustaría este blog!! y a mí.

ig dijo...

Bowie entra cada día, que me lo ha dicho.
Con el fondo negro, la "forma" se alía con la palabra y se extiende por la galaxia patacósmica.
Despegamos o aterrizamos?