
Lo había leído en un libro de aventuras. Estaba advertido. No me pilló por sorpresa ni tampoco desarmado.
Suele suceder que al abandonar una isla desierta, ciertas flores que se agostan en ausencia de mirada humana, ofrecen sus mejores colores al viajero a punto de partir, como tentación y ancla para que no se vaya.
Al verla llegar a la playa, descendí del barco. Es cierto que me emocionaron sus súplicas carnívoras. Mas yo saqué la espada y la corté de un tajo, limpio, certero.
Crueldad?
No, ternura.
Ahora ya me puedo ir.
Suele suceder que al abandonar una isla desierta, ciertas flores que se agostan en ausencia de mirada humana, ofrecen sus mejores colores al viajero a punto de partir, como tentación y ancla para que no se vaya.
Al verla llegar a la playa, descendí del barco. Es cierto que me emocionaron sus súplicas carnívoras. Mas yo saqué la espada y la corté de un tajo, limpio, certero.
Crueldad?
No, ternura.
Ahora ya me puedo ir.

















